miércoles, junio 22, 2005

El ministro amontillado

Cada vez que las fuerzas de progreso (sic) tratan de arreglar un problema que generalmente ellos mismos crearon yo, que soy muy bruto, me tiento los pantalones y me agarro con fuerza a la cartera.

Los iluminados resultan pintorescos cuando reducen su ámbito de acción a los parques públicos las entradas de metro o las barras de bar. Pero cuando, sistema electivo mediante, alcanzan cotas de poder fáctico real, al común de los mortales sólo le queda mirar al cielo y rezar para que lo que se le viene encima no acabe ahogándole.