El ministro amontillado
Cada vez que las fuerzas de progreso (sic) tratan de arreglar un problema que generalmente ellos mismos crearon yo, que soy muy bruto, me tiento los pantalones y me agarro con fuerza a la cartera.
Los iluminados resultan pintorescos cuando reducen su ámbito de acción a los parques públicos las entradas de metro o las barras de bar. Pero cuando, sistema electivo mediante, alcanzan cotas de poder fáctico real, al común de los mortales sólo le queda mirar al cielo y rezar para que lo que se le viene encima no acabe ahogándole.

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